viernes, abril 21, 2006

Bodas en Tipasa


¿Por qué en Tipasa? Por Albert Camus. En uno de sus escritos se encuentra una de las frases que más me han impactado, sobre todo viniendo de la mano de Camus. Transcribo el parrafo donde se encuentra:
"... lo que ocurre es que la sangre y los odios descarnan hasta el propio corazón; la larga reivindicación de la justicia agota el amor que, sin embargo, fue quien le dio nacimiento. En la situación en que hoy vivimos el amor es imposible y la justicia no basta.
Más para evitar que la justicia se endurezca, hermoso fruto anaranjado que no contiene más que una pulpa amarga y seca, fui a Tipasa para volver a descubrir allí que era menester guardar dentro de uno mismo intactas la frescura y la fuente de la alegría, que era preciso amar el día que escapa a la injusticia y retornar al combate habiendo conquistado esa luz.
Volvía a encontrar allí la antigua belleza, un cielo joven, y consideraba mi suerte al comprender al fin que en los peores años de nuestra locura nunca me había abandonado el recuerdo del cielo de Tipasa. A él debía, en último termino, el no haberme desesperado.
Siempre había sabido que en las ruinas de Tipasa eran más jóvenes que nuestros astilleros o nuestros escombros. El mundo volvía a empezar todos los días en una luz siempre nueva. ¡ Oh luz ¡ es el grito de todos los personajes puestos frente a su destino en el drama antiguo. Ese recuerdo último era también el nuestro y ahora yo lo sabía.
En medio del invierno venía a saber que en mí había un verano invencible."
Forma parte de una serie de artículos recogidos en "Bodas", publicado en 1.939, este en concreto sobre reflexiones en Tipasa. Esa última frase me descubrió a Camus, por casualidad, luego he leido otros ensayos y libros suyos, pero me sigue acompañando el eco de ese invierno florecido de verano.
No es casualidad que sea Camus. Reune bastantes de las condiciones para ser lo que podriamos decir un romántico moderno, en el sentido más estricto de la palabra. Un romántico a la manera de Byron, por ejemplo.
Nació en Mondovi (actualmente Drean, Argelia), el 7 de noviembre de 1913. Hijo de colonos, queda huérfano de padre antes de cumplir los 3 años. Toda su niñez la pasó en uno de los barrios más pobres de Argel. Gracias a una beca que recibían los hijos de las víctimas de la guerra, pudo comenzar a estudiar y a tener los primeros contactos con los libros. En medio de dificultades económicas cursó su primaria y culminó el bachillerato. A los 17 años le diagnosticaron tuberculosis. Posteriormente, despues de sus estudios de Filosofía, intenta alistarse en el ejercito, donde es rechazado por su enfermedad. Empieza entonces su trabajo como periodista. Durante la Segunda Guerra Mundial colabora activamente con la Resistencia, dirige una publicación clandestina llamada Combat.
A grandes rasgos esa es su vida. Pero me importa más esa foto, repetida hasta la saciedad, de Albert, con el cigarrillo entre los labios, esa mirada mezcla de desamparo e ironía, ese aire de estrella hollywoodense, como un Humphrey Bogart de la filosofía.
He intentado encontrar otra foto que recuerdo de él. Esta lloviendo en París, aparece bajo la lluvia con una gabardina clara y con sombrero, con la cabeza gacha. Si la encuentro la colgaré.
En realidad tendría mil cosas más que decir de Camus, se merece mucho más que este triste post, pero ha sido un leve intento de explicar porque en Tipasa junto a Camus. Si me pierdo, ya saben donde buscarme.

jueves, abril 20, 2006

Maletas


La vuelta de vacaciones es agotadora, casi tanto como irse. No puedo evitar reirme del llamado "descanso vacacional". Para mi es estres acumulado al que ya llevo todos los días encima. Todo empieza por las decisión de donde ir. Cuando ya has decidido hacia donde se dirigen tus pasos, la ardua tarea de hacer maletas. Y si encima es en Semana Santa, periodo de "ni frio ni calor", se convierte en una tarea ingente, tres personas, tres maletas, cuatro personas, cuatro maletas,... y asi en orden creciente. Hacer las maletas me agota, siempre me queda la sensación de que me olvido de algo, lo cual la mayoria de las veces es cierto. Luego el viaje, todos en procesión, atascos increibles y despues de siete u ocho horas torturantes, en una carretera por la que en circunstancias normales no hubieras transitado mas de tres, llegas y ¡tachán! Deshacer las maletas. Despues durante esos días vas a "trotacaballo", ya sea por que tienes mil visitas turísticas por hacer, por que estas deseando tostarte en la playa y madrugas para ello, por que te gusta el senderismo y te dedicas a madrugar para dar largas caminatas, cualquier razón, la cuestión es no descansar. Podría extenderme en este punto, pero creo que todos hemos pasado por esto. Y terminas haciendo de nuevo las maletas (si cuando fuiste cabía todo, no has comprado nada... ¿Por qué ahora la maldita maleta no cierra aunque te sientes encima de ella?), procesionando el Domingo de Resurrección de vuelta de casa, llegando tardísimo y al día siguiente tu despertador sonará a las 7 para volver al trabajo. Y el lunes amaneces reventado, reventado pero feliz, ¡han acabado las vacaciones!.
Ah se me olvidaba lo obvio, las maletas tienes que volver a su sitio acostumbrado (encima del armario, debajo de la cama, en el trastero) pero vacias, total que queda deshacerlas por enésima vez. No lo había incluido porque volví el domingo y subsisto con la indumentaria que no estaba dentro de ellas, mis maletas siguen en un lado de la habitación esperando, aún confio en que una mañana me despierte y aparezca la ropa sucia en la lavadora, la limpia colgada de las perchas en el armario y las maletas en su cómoda ubicación invisible.
Perdón por un post tan desquiciante, pero hoy estoy hecha una maleta.